Por el presente cuento* Jorge Armando García obtuvo el 2do puesto en el concurso Palabras (2007), organizado por Starbucks y Librería Zeta:

LA FUGA

SI sabes que has de morir, estás ya muerto; pero si ya estás muerto, eres
inmortal
Francisco Ayala
(Glorioso triunfo del príncipe Arjuna)

1

Yo vivo en Helsinki, es verdad. Cada vez que lo digo en clase nadie me cree, todos mis compañeros o ríen o mueven la cabeza negativamente y Mr. Lombardi me manda a callar en el rincón del salón mientras él continúa la clase y todos se olvidan de mí.
Luego suena la campana del recreo y me escapo por la ventana de la directora, una vieja bruja con cara de hiena que cada vez que me ve vuelve la vista y sigue de largo. Salgo por aquella ventana y llego a casa del señor Samsa, casi siempre interrumpo su vuelo por en medio de la cocina y él viene a mi lado, y yo juego con sus alas mientras él va muriendo un poco más.
Cuando han pasado 15 minutos el señor Samsa levanta la vista de insecto enfermo y me mira reír, y me dice, siempre:

-Briseida, debes volver a la cárcel.

Pero yo no quiero volver a ese edificio sin vida que engaña a toda la ciudad con el nombre que tiene sobre la puerta. No entiendo cómo ese letrero de colegio puede engañar a todos, ¿Acaso no se dan cuenta que ahí dentro nadie puede salir, nadie puede jugar ni decir, por ejemplo, que vive en Helsinki? en ese edificio en el que ni siquiera me dejan ir a hacer mis necesidades, en esa cárcel disfrazada de Colegio Nacional del Perú.
Yo le digo al señor Samsa que mejor me quedo con él todo el día y así él podrá contarme cómo fue qué, de un momento a otro, todo ocurrió. O en todo caso si desconoce cómo se volvió un insecto de la noche a la mañana lo descubra conmigo, no por nada somos buenos amigos.
Pero el señor Samsa me manda a que vuelva a clases y yo lo odio por su condición de anacoreta sin reparo. Casi siempre me voy triste y odiándolo porque no sabe ser feliz, dejándome con la única salida de volver a las clases de Mr. Lombardi.

-¡Eres un hijo de puta! ¡Vas a morirte solo!- es lo que casi siempre le digo al señor Samsa, y me voy corriendo, menos triste, menos despreciada, menos vacía.

Entro por la ventana de la directora, que a esa hora debe estar durmiendo debajo de alguno de los árboles frutales que rodea el jardín central. Después le robo una de sus manzanas y voy al baño a peinarme y a comer la manzana.
Mr. Lombardi está de pie, me ve llegar, sonríe, no dice nada, yo sé que me ha visto desde que estuve en la puerta del salón pero él mira hacia otro lado, finge no verme, finge que no existo. Y cuando tomo asiento todo cambia, vuelve la mirada, se burla, me ve y me dice que mi lugar esta en el rincón, de espaldas a todos, mirando la pared fría.
Algunas personas hemos nacido para mirar la pared, para conversar con nadie. para llorar sin lágrimas, para que todos se rían de una.
Yo voy hacia la pared tratando de creer que no es el fin del mundo, al menos no tengo que verle la cara a tantos seres insignificantes, al menos me quedan los recuerdos, los lugares que conocí cuando aún sabía poco de la vida, la manera que tenía mi madre de acariciarme el cabello cuando yo despertaba, mi vida en Helsinki, las alas del señor Samsa.
Pero aún así, teniendo tanto que recordar y así olvidar la realidad, no puedo evitar sentirme sola. No veo las horas de que sea viernes por la noche para volver a Helsinki con mi maleta en la mano y el viejo abrigo sobre mi cuerpo de niña. Todavía es martes, así que aún me quedan varios días mirando el rincón del salón, muchas nuevas visitas al señor Gregorio con alas, muchas manzanas que robar y muchas novelas que leer a escondidas por la madrugada.

2

Hoy desperté con una pesadilla recurrente: Mil ratas se subían a mi cama y yo no podía moverme, no podía gritar, no podía ni cerrar los ojos para no verlas.
Y cuando me despertó la aterradora sorpresa de verme sumergida en una ficción, vi que ninguna de mis compañeras de cuarto estaban en sus camas. Me puse de pie, me vestí con lo primero que encontré y salí como si temiera que esa madrugada siga siendo la continuación de la pesadilla de las ratas, caminando despacio, con miedo, sintiendo el frío del suelo en mis pies descalzos, con los brazos extendidos, tanteando aquellos espacios que la oscuridad no me permitía ver.
Llegué al patio central. La luz de la luna me permitió ver la noche estrellada, todos los rincones del bosque se veían con total claridad, desde mi posición pude mirar la ventana de Mr. Lombardi en el quinto piso del edificio, él me miraba como se mira a una pobre niña asustada y me mandó a dormir gritando, ¡vuelve a tu cama carajo!
Cuando volví a mi cama me sorprendí de haberle obedecido. Quise volver afuera, salir, buscar a mis compañeras, buscar a Mr. Lombardi y no quedarme sola, llorando, sin saber qué era lo que estaba ocurriendo, y orinándome en la cama mientras me quedaba dormida.

3

Es viernes por la mañana.
He despertado antes que todos y he salido por la ventana de la directora para llevarle un pan con queso al señor Samsa. Lo encuentro en el suelo, no puede hablar, no puede moverse.
No sé qué es lo que pudo haberle pasado. Ayer estaba de lo más conversador y hasta dejó que me subiera sobre su lomo para llevarme a pasear por las afueras de Pando, se sentó conmigo sobre la hierba que rodea esta urbanización y me contó lo de la manzana que se le atragantó en la garganta.
Hace sólo unas horas que estaba mejor que nunca, que sus ojos brillaban como jamás los había visto. Es más, la tarde anterior me pidió que me quedará a su lado y olvidara las clases, así que lo abracé, le dije te quiero, y él me dio un beso en la frente y me dijo no puedes amar lo que tan rápido se va.
Pero ahora no sé qué es lo que pudo haber sucedido. Quizás fue esa manzana atragantada en la garganta y en el alma, quizás le es difícil respirar, ponerse de pie, moverse, hablar. Si tan sólo pudiera decirme qué es lo que le pasa, qué fue lo que lo tumbó en el suelo casi sin vida. Pero no, el señor Samsa no dirá nada y yo debo volver enseguida a la cárcel y portarme como una niña buena, sino no me dejarán volver a Helsinki el fin de semana.
La primera clase del día es con Mr. Bolaño, un profesor exageradamente delgado y demasiado conversador para ser maestro. Usa la técnica de los chistes para acercarse al alumno, cree ser uno más de nosotros, cree que lo logró, no sabe que nosotros jugamos con él, siempre, hasta obtener una buena calificación y entonces nosotros ganamos.
Pero hoy no me importan los chistes de Mr. Bolaño. Todos ríen con cada nueva ocurrencia, con los mil y un gestos que hace el maestro para llamar la atención y despertar a los que están dormidos o fumando un cigarrillo. Yo no lo veo, no lo escucho, sólo tengo en la cabeza la salud del señor Samsa.
Quiero escaparme a su casa en el primer recreo del día, pero la vieja de la directora está en su cuarto seguramente durmiendo la primera siesta de muchas. Voy a mi cuarto y mis compañeras están comenzando a hacer sus maletas, con alegría, con ilusión, con esa sonrisa de niñas buenas y aplicadas.
Me desespera tener que esperar el siguiente recreo para probar suerte y ver si puedo escaparme a los brazos del señor Samsa. Lo peor es que toca clase con Mr. Lombardi y eso hará que los minutos pasen más lentos.
Mr. Lombardi hace la misma pregunta de siempre mientras entra al salón.

-En dónde vive usted señorita Briseida- y se soba las manos porque el maldito se saldrá con la suya, una vez más.

-En Helsinki profesor. Todos los viernes saliendo de la car… perdón, saliendo de la escuela voy directo al aeropuerto y tomo el primer vuelo a Oslo, con escala en Helsinki.
-Al rincón, loca de mierda.

Si hubiera sido cualquier día menos viernes yo le hubiera contestado que el loco era él, a ver, por qué no se atrevía a seguirme los viernes, por qué se negaba si era tan fácil, simplemente caminaría detrás de mí y vería como es que en verdad me dirijo al aeropuerto con mi maleta en la mano y el abrigo sobre mi cuerpo de niña, y tomo ese avión, con destino a Oslo, Noruega; y escala en Helsinki, Finlandia.
Pero es viernes y no digo nada, y hasta me siento feliz de ser mejor persona que Mr. Lombardi.
En el segundo recreo vuelvo a la dirección con el afán de escabullirme por la ventana y ver al señor Samsa, seguramente ya se sentirá mejor y ya estará volando sobre la cocina, sí, eso es, el señor Samsa ya se curó.
Pero la directora está con dos niños que olvidaron hacer su tarea de Lógica y ella los está azotando hasta que uno cae al suelo y muere. Entonces ella voltea la vista y me ve, yo no sé qué hacer o qué decir, y el otro niño también cae al suelo sin vida.

-Ven para que me ayudes a enterrar los cuerpos- me dice la vieja bruja con cara de hiena y, como es viernes, yo la ayudo a cavar hondo y ella echa los cuerpos, sin amor, sin remordimiento, yo diría que hasta goza al hacerlo.

Es hora del almuerzo, todos estamos en el comedor principal con nuestra bandeja para que la llenen con lo que los profesores y la directora despreciaron el día anterior. Todos comen menos yo. No puedo escapar porque las puertas del comedor las cierran con llave hasta que se cumpla la hora, entonces podré escapar unos minutos, mientras es la hora de la siesta, mientras todos duerman unos minutos, sí, en ese momento iré a ver al señor Samsa y seguro volveré a volar sobre su espalda.
Se abren las puertas del comedor. Todos nos dirigimos a nuestras habitaciones en silencio, caminando en fila india sobre una línea amarilla pintada en el suelo, cerca de la pared derecha. Una cárcel, esto es lo que es este pseudo colegio, una cárcel para nosotros.
Llego al cuarto de la directora, abro la ventana y salgo raudamente. Una ráfaga de aire fresco hace bailar mis cabellos y yo me siento libre por primera vez en el día.
Llego a casa del señor Samsa, parece muerto, está muerto.
Nunca lloré mientras cavaba un hoyo para enterrar a alguien, por eso siento que el señor Samsa fue alguien más que un temporal compañero de prisión. El señor Samsa fue mi amigo sin haber estado él en la cárcel. Fue mi amigo porque quiso serlo y no porque coincidimos físicamente en el mismo espacio viviendo los mismos suplicios.
Empujo su alado cuerpo y el olor que desprende me hace tambalear un instante. Lo miro como a las personas que sabemos que no volveremos a ver en la vida y lloro una vez más mientras tapo el enorme agujero que hice sobre la hierba donde ayer nos sentamos a hablar sobre el futuro.

-Cuando sea grande voy a ser bailarina de ballet, voy a escribir novelas y voy a ser reportera de guerra, ¿y usted señor Samsa?

-Las personas como yo ya no pensamos en el futuro, mi único futuro consiste en rogar porque me salga un buen respiro mientras digo estas palabras, mi único futuro consiste en terminar las frases, contestar tus preguntas, pedir a Dios que me deje ver tu sonrisa una vez más mientras te cuento alguna historia.

Regreso a la cárcel, es la última clase de la semana.

Mr. Lombardi me pregunta en dónde vivo y yo le digo que en Helsinki. Pero algo debe haber en mis ojos y en mi voz porque él ya no sonríe irónicamente ni me manda al rincón del salón junto a mi amiga la pared fría. Algo debió haber dentro de mí o dentro de la manera en la que pronuncié “Helsinki”, como muriendo.
Es la primera vez que escucho una clase de Mr. Lombardi sentada en mi carpeta, con las piernas cruzadas y la mirada hacia la pizarra, y es la primera vez que entiendo que hay personas que no pueden ser felices si no hacen infeliz a las demás. Y cuando no pueden hacer infeliz a alguien simplemente no dicen nada y comienzan a dictar clase.
A las seis de la tarde se abren las puertas de la cárcel. Tengo mi maleta en la mano y el viejo abrigo sobre mi cuerpo de niña, paso por la casa del señor Samsa y recuerdo aquella vez que lo conocí, hace dos semanas, cuando me lo encontré tirado en el jardín de la calle y me preguntó en dónde vivía y yo le dije que en Helsinki. Entonces él me dijo, ven siéntate a mi lado y cuéntame cómo es Helsinki.

Biodata del autor:
 
Jorge Armando García (Lima, 1983) 

Egresado de la Facultad de Derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, actualmente estudia Lengua y Literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal.

Participó en los siguientes concursos de cuentos: 2do puesto en Palabras (2007), organizado por Starbucks y Librería Zeta. Finalista en la Feria del Libro Huancayo (2010). Mención Honrosa en los juegos florales universitarios 2009 de la Universidad Ricardo Palma y 1er puesto en el 2010. En prensa su libro de cuentos Se busca un culpable.


*Texto publicado con permiso del autor.

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Acerca de El gato descalzo

Cosas que (me) pasan, blog de El gato descalzo, apareció como vitrina cultural en 2005. Al cumplir 7 años, nació EDITA EL GATO DESCALZO, editorial independiente peruana que publica libros en físico y en digital. Pueden escribirnos a cosasquemepasan@gmail.com, visitar nuestra página en Facebook, www.facebook.com/editaelgatodescalzo y/o dejarnos un comentario.

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  1. […] 2010 fue presentada Yuyaykusun 3, revista del Departamento Académico de Humanidades de la Universidad Ricardo Palma, en el Centro Cultural Ccori Wasi. La mesa estuvo compuesta por Eduardo Arroyo (Comité […]

  2. Muy buena primo.
    Me gusto mucho.

  3. tirame todos tus cuentos poe ke los ocupo….porfa….

  4. jean piere ponce florres dice:

    muy buena primo

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