Winston Orrillo escribe el siguiente artículo sobre el cineasta Federico García:

Mural de palabras
Perú
Winston Orrillo Ledesma
Doctor en Literatura
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Escuela Pedagógica Latinoamericana (EPLA)

Fico sigue creando

Federico García, nuestro relevante director de cine, el que nos hizo vibrar con el runa simi de Kuntur Wachana, Laulico, El caso Huayanay o Túpac Amaru, ocupa desde hace algún tiempo la dirección del Centro Cultural sanmarquino en la histórica Casona del Parque Universitario. Y, desde entonces, es otra la atmósfera que allí se respira. Plenos de vida y energía populares, el arte y la creación poliédrica discurren en las exposiciones pictóricas, en los homenajes creados a personajes vernáculos, en los análisis y polémicas sobre temas tan neurálgicos como el poder mediático (a partir del cual se publicó un libro de edición casi agotada) en la presencia de nuevas generaciones de bardos, en los cantos de los coros de alumnos, en la música telúrica y magnética de las zampoñas, en las bandas y los danzantes, y en muchas otras actividades más. En fin, se trata nada menos que del efectivo cumplimiento límpido y contundente pensamiento de Vallejo: “Todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él”.

Pero con esto no concluyen las cosas. Todo ello representa, sin duda alguna, el resultado de un inteligente, continuo y responsable esfuerzo que, no obstante la dedicación que demanda, de ninguna manera ha disminuido ni menos obliterado el poder creativo de “Fico” en otros aspectos. Merced a su entusiasmo laudable, lo vemos ganarle tiempo al tiempo de las tareas cotidianas para sorprendernos con la entrega de una auténtica presea narrativa: El paraíso del diablo (Ediciones Juan Gutemberg. Lima: hoy casi inhallable), novela de largo aliento que no vacilamos en calificar de fundacional y donde la trama y el ambiente se corresponden con la cosmovisión que despliega, la cual nos embruja y a la vez conmueve al caer en cuenta que se trata, nada más y nada menos que del sustrato de nuestra tan agredida cultura ancestral que no solo se resiste a morir, sino que también lucha creativamente por desarrollarse y seguir floreciendo.

El autor sabe muy bien de lo que escribe. Cusqueño de raza y sueños. García es un permanente adalid y un consecuente defensor de los valores intrínsecos de lo popular, de aquello que constituye el venero de ese universo milenario que hoy podemos apreciar en Macchu Picchu, Sacsahuamán, Pisac y en todos y cada uno de los rasgos de nuestra cultura-madre, pervivientes en lo mejor de la identidad del Perú y el carácter de nuestro pueblo que, como varios otros de nuestra América, necesita incorporarse definitivamente a la gesta por la conquista de ese Nuevo Mundo que hoy sabemos posible e imprescindible. Porque nuestra nación oprimida, o se salva blandiendo como una de sus armas ese riquísimo bagaje cultural que pertinazmente ha tratado de ser negado por las vesánicas oleadas de sus depredadores foráneos y locales; o se hunde lastimosamente por no incorporarse a al legión de las naciones que, del Sur de Río Bravo a la Patagonia, le están diciendo ¡no! a la cohorte más genocida y siniestra del hombre: el imperio norteamericano hoy tambaleante.

Sólidamente ubicada en el campo de lo popular, la novela de Federico García tiene una admirable riqueza temática que en nada se contrapone a lenguaje claro e incluso poético con la que es tratada (recordemos que el autor se inició con la publicación de textos en verso) o a la maestría con que se van evidenciando los rasgos pedagógicos de los personajes. Con una trama ubicada en el Cusco de los años 40’ y 50’, va mostrando a través de las circunstancias vitales de Manuel, su juvenil protagonista, la urdimbre de complejos problemas de la época (vividos en carne propia por el autor) cuyas proyecciones son perfectamente reconocibles en nuestra actualidad; las contradicciones económicas, sociales, políticas e ideológico-culturales; la penetración de las relaciones capitalistas en las zonas rurales; los vínculos entre el campo y la ciudad; la explotación y la opresión de las comunidades indígenas y del campesinado y sus luchas contra los gamonales de horca y cuchillo apoyados por la policía y los jueces corruptos; las gestas obrero-campesinas con la presencia del legendario líder Emiliano Huamantica; la represión militar desatada contra las masas por la dictadura odriísta; la decadencia de la vieja “aristocracia” semifeudal y la hipocresía de su vida y actividad lo mismo que el arribismo de los sectores burgueses emergentes; el férreo dominio ideológico de la iglesia y la oposición a sus creencias; la discriminación racial y los vericuetos del mestizaje con el choque cultural que ellos implican; y en fin, lo que es muy importante, las peculiaridades sociales y caracterológicas del poblador andino, su íntimo nexo con la naturaleza y su concepción del mundo, despreciados por las clases dominantes. Así, más allá de sus indiscutibles méritos y del placer que genera introducirse en ella, no es aventurado afirmar que la novela demanda más de una lectura y que exige, sobre todo, un lector crítico y atento al devenir histórico del país.

Digamos al pasar que la tan cacareada crítica literaria, apoltronada en suplementos culturales y revistas, autosatisfecha en su visión obtusa cuando no interesada como es natural y salvo alguna alusión marginal (hecha además al desgaire) ha permanecido muda ante esta joya destinada a incorporarse a lo mejor de la literatura latinoamericana. ¡Silenciamiento que es un honor rendido a Fico! Pero éste ya anuncia la publicación de nuevas creaciones que esperamos disfrutar en su momento.

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Acerca de El gato descalzo

Cosas que (me) pasan, blog de El gato descalzo, apareció como vitrina cultural en 2005. Al cumplir 7 años, nació EDITA EL GATO DESCALZO, editorial independiente peruana que publica libros en físico y en digital. Pueden escribirnos a cosasquemepasan@gmail.com, visitar nuestra página en Facebook, www.facebook.com/editaelgatodescalzo y/o dejarnos un comentario.

Un comentario »

  1. […] refiere el escritor y periodista Winston Orrillo: “…el gato es un misterio y todo misterio es poético” . Lo que bien demuestra […]

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