Rosina Valcárcel añora a Juan Gonzalo al cumplirse 80 años de su nacimiento y 25 de su partida:

Juan Gonzalo Rose (1928-1983) cantaba Felipe de los pobres [1]

por ROSINA VALCÁRCEL

En los brazos de Morfeo hablaba con Juan Gonzalo cuando sonó el fono. Insólito sueño: La Liga de Masones me invita a participar en un homenaje a Rose a fines de noviembre de 1997. Dudo, ¿será cuento chino o una broma del bardo? Desperté y era real. Pero no pude asistir pues tenía programado un recital en la Universidad Villarreal.

Cuando vivíamos frente al bosque Chapultepec en un departamento de la calle Mariano Escobedo del Distrito Federal de México, hacia 1953-1954, llegaron a casa los exiliados arequipeños Augusto Chávez Bedoya y Teodoro Azpilcueta, líder y abogado, acompañados de un hermoso muchacho, ojos tiernos y sus labios dentro, quien sin un real vestía traje inmenso, humor fino y una mística rojísima. Mis viejos no dudaron en hospedarlo. Desde entonces, el tierno e inteligente Juan Gonzalo se instaló en nuestro hogar mexicano.

Cuando mamá nos cortaba las uñas o nos daba algún jarabe, el tío Juan Gonzalo se agachaba al final de la cola. Mientras Viole planchaba, él fervoroso leía sus poemas inéditos. Así nació La luz armada (1954). Gran fabulador de historias, glosó la del Perú en forma de leyendas. Le preocupaba mucho la situación de los presos políticos, incluso fue el joven poeta quien sugirió a mis padres su integración al Partido Comunista. Después de las sesiones del Comité Peruano de Defensa Democrática (responsable G.Valcárcel), los desterrados Juan Pablo Chang, Luis de la Puente, Jacobo Hurwitz (discípulo del Amauta), Eduardo Flores (dirigente sindical), mi guapa tía Doris, mis Viejos y Juan Gonzalo, bohemios, hacían jaranas, gozaban al beber ron Bacardí, bailar y cantar valses de “la Guardia Vieja”; Juan Gonzalo a menudo tarareaba; «Felipe de los pobres, / tu musa es comunista … », bello valse que dedicó a Felipe Pinglo. Crecía la añoranza por la familia, las amistades y la patria.

Un domingo a papá se le ocurrió llevarnos de paseo a Veracruz y obligó a Juan Gonzalo a subir en el taxi que conducía a la estación. Éste, que estaba picadito, gracioso, aprovechó de un semáforo para bajar y fugar recreando los gestos y poses de Chaplín, mientras mis hermanos y yo reíamos de lo lindo. De vuelta a Perú (1957) pudimos comprobar que el noble Juan Gonzalo conservaba la sencillez del auténtico maestro. Algunas veces me pidió tipear sus manuscritos, para familiarizarme con su discurso poético y ganarme propinas.

Una tarde maravillosamente invisible, de 1966, dialogando, algo escéptico me confesó su certeza de que “la verdad es siempre bella; y la belleza, para serlo, tiene que ser verdadera”. Concluía que sólo pueden conocer la felicidad los místicos, los amantes maravillosos y los drogadictos; que excepto Rafael Alberti nadie advirtió en Las comarcas (1964), la búsqueda ontológica del hombre latinoamericano [2]. A Juan Gonzalo Rose le importaba más la vida que el arte.

Por ello, aquel año grabé el nombre del tío-amigo en la dedicatoria de mis Sendas del bosque (1966). Mi madre atesora un ejemplar de su Obra Poética (INC) autografiado: «Para Gustavo y Violeta que me dieron el pan de la amistad y el pan del pan»; y en Cantos desde lejos (1957): «Para Gustavo y Violeta, a cuya sombra nacieron estos cantos, con el fraterno cariño de Juan Gonzalo».

Conocí a su familia, a Jesús, su madre y a Teresa, su hermana. Estuve en sus casas y cuartos, entre Chorrillos y San Felipe. Le visité varias veces cuando estuvo internado. Palpé de cerca su intensidad, desconcierto y angustia, Juan Gonzalo tenía 54 años, era libre, su madre había muerto, pero le dolía esa orfandad. Extrañaba a sus viejos amigos. La última vez que lo vi, al borde del caos, fue una tarde en el bar Ovni* me invitó un “conejito” y un piqueo de conchitas a la parmesana. Platicamos poco. Lo sentí escéptico, solitario, debilitado por la tristeza, la soledad y el alcohol. Mas un momento hizo evocación de México. Aproveché el instante y le subrrayé:
-Para los poetas del 70 eres el símbolo y para el pueblo eres uno de los más cálidos aedas de la generación del ’50. Nuestra gente te apreció y quiere aún, César Lévano, Carlos Tosi, Hugo Bravo, Gladys Basagoitia, César Calvo, Eduardo Aguirre**, Julio Kuniyoshi, Juan Cristóbal, Hildebrando Pérez, Oscar Málaga, Jorge Pimentel, Tulio Mora, Walter Curonizi, Tania Libertad, Ivo Pérez, Carlos Ostolaza, Julio Heredia…, mi familia y esta aprendiz.

Pero él estaba lejos, acaso recordando sus versos: “Me gustas porque tienes el color de los patios / de las casas tranquilas…”.

Minutos antes del adiós, me sonrió girando como un leve Sol azul. Juan Gonzalo nos dejó el 12 de abril de 1983. Le acompañamos amigos y lectores, grupos y generaciones. Recuerdo los sentidos abrazos compartidos con su hermana Teresita y con el bardo Coco Pimentel.

A esta altura se valora la poesía transparente de Rose como un aporte que nutre la imaginación de lo real maravilloso de América, cual una odisea que adhirió el riesgo de desnudarse a sí mismo contra el autoritarismo y los prejuicios conservadores de una moral pacata.

No dudo que en el alba de algún planeta, cual meteorito, hoy resplandece Juan Gonzalo, cantando su Vals a Violeta:

Mi vida / que es lo mismo / una botella de mar / siempre llevó una esperanza / a punto de naufragar. // En el exilio -recuerdo- / tú la supiste alzar / contra el puñal de la noche / como una copa de sal. // Tú fuiste fiel a tu anillo / y yo a mi navegar; // si alguna vez me entrevés / entre tus sueños pasar / sepas que es sólo la sombra / de una botella de mar.

* (entre Escobedo y Pershing),

** El 10 de enero es aniversario natal de JGR

[1] La República, Lima, 20 dic. 1997: p.22.

[2] Kachkanirajmi N° 2, 1966. OJO

* Entre Pershing y Escobedo.

**(“Bola”).

Acerca de El gato descalzo

Cosas que (me) pasan, blog de El gato descalzo, apareció como vitrina cultural en 2005. Al cumplir 7 años, nació EDITA EL GATO DESCALZO, editorial independiente peruana que publica libros en físico y en digital. Pueden escribirnos a cosasquemepasan@gmail.com, visitar nuestra página en Facebook, www.facebook.com/editaelgatodescalzo y/o dejarnos un comentario.

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  1. carlos alfonso rodriguez dice:

    Bella semblanza fe Juan gonzalo y privilegiafa usted de haberlo conocido.
    Yo como lector lo aprecio y lo admiro hace mucho tiempo. Agradezco compartir esta pincelada de J.G. R

  2. Claro lo que dice una poeta de otro poeta es cierto , me sente a la mesa del bar “Ovni” , en su compañia , principiaban los años ochenta , yo era un poeta ínedito , le pedi permiso para sentarme asi pasaron no recuerdo cuantas veces, era silencioso por el hecho de estar preparando sus articulos para la revista “Caretas”, bebía a sorbos cortos tragos de cerveza de botellas chicas, nunca lo ví embriagado, era alegre solamente que lo expresaba con una sonrisa casi imperceptible como lo afirma Rosina (de otra manera), yo tomaba incontables tazas de café . Le hacia acordar aquel poema suyo, “triste y sordo saboreo m café amargo.” Yo creo que era tan meditativo trabajador y serio era porque como todo gran poeta nunca obtuvo jubilación alguna .

    Jorge López Zegarra

  3. […] 26 años que Juan Gonzalo Rose partió a la eternidad con apenas 55 primaveras cumplidas, fue un 12 de abril de 1983. Una vez más […]

  4. ivan olmedo dice:

    En los brazos de Morfeo hablaba con Juan Gonzalo cuando sonó el fono. Insólito sueño: La Liga de Masones me invita a participar en un homenaje a Rose a fines de noviembre de 1997. Dudo, ¿será cuento chino o una broma del bardo? Desperté y era real. Pero no pude asistir pues tenía programado un recital en la Universidad Villarreal esto solo lo dice un poeta como el q era un genio

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