De estar con nosotros el bardo y político Gustavo Valcárcel (Arequipa, 1921-Lima, 1992) celebraría hoy sus 86 años. Este 2007 además se cumplen cinco décadas desde la aparición de su poemario Cantos del Amor Terrestre y quince años desde que nos dejó.

Su hija, Rosina Varcárcel Carnero (Lima, 1947), poeta y antropóloga, fue testigo de destierros, encarcelamientos, vivencias políticas/literarias que plasma en las siguientes líneas:

EL CONGRESO DE LA REPÚBLICA de Perú rindió homenaje a Gustavo Valcárcel el jueves 20 de junio del 2002.
Gustavo nació el 17 de diciembre de 1921.
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VALCÁRCEL Y YO
(HERENCIA DE MI PADRE)

Las cosas y visiones del pasado se ven con más claridad cuando el llanto ha purificado nuestros ojos.
Romain Rolland

Escenas
de la vida familiar

Hijo de César A. Valcárcel y Mercedes Velasco Seminario, Gustavo nace en Arequipa el 17 de diciembre de 1921. La infancia fue con él implacable; su padre, noble médico, muere a los 40 años vacunando gente india y pobre en el Cusco, contagiado de tifus exantemático. El abuelo no tenía propiedad ni ahorros, en su billetera hallaron sólo cuatro libras esterlinas. Por su sacrificio, el Congreso (época de Leguía) concede montepío a la viuda y tres becas de internos para los hijos mayores. Así, trasladado a Lima, a los seis años, en abril de 1928 inicia estudios en el Colegio Salesiano (hasta 1938), etapa ardua que le deja hondas huellas. Ingresa a San Marcos, Facultad de Ciencias, en 1939 y, expulsado por criticar a un docente, pasa a la de Letras un año después. Vio interrumpida su vida universitaria, pues su activa militancia política lo lleva varias veces a prisión. Integra el grupo Los Poetas del Pueblo (con Mario Florián, Guillermo Carnero Hoke (fundador), Ricardo Tello, Luis Carnero Checa, Julio Garrido Malaver, Eduardo Gibaja y Alberto Valencia, todos muy jóvenes) y gana los Juegos Florales Universitarios de 1947 (bajo el seudónimo Lucifer con los sonetos que luego verían la luz, en 1948, en Confín del tiempo y de la rosa, con prólogo de Xavier Abril), y el mismo año obtuvo el Premio Nacional de Poesía. Funda entonces la revista de artes y letras Idea (1950). Es deportado a México en 1951.

En nuestro caso, las escenas de la vida familiar, guardadas por el inconsciente y la retina, unidas a la historia en que fueron engendradas, perviven grabadas en nuestra piel, rodeadas aún del sentimiento de desarraigo; pero también de la solidaridad que refleja la entrega paterna a las causas populares. Al leer, hoy, los versos de Gustavo: “Vinieron los hijos, ¡quién creyera!, con un ramo de alegría en cada ojo“, me siento más hija que nunca.

México
Habitar la patria de otros es una extraña experiencia. Tras un viaje en barco sin rumbo, el 9 de marzo de 1951, a mis 4 años, me envuelve el sensual ritmo de una danza anunciando que hemos llegado a México. No se sabe si sobreviviremos al largo exilio de papá, cuentan. Desamparados y fuera de la ley –mis hermanos Gustavo, Xavier, Marcel y yo–, formamos parte de la rebelde legión de expatriados por orden del general Manuel A. Odría, cuyo ochenio ensombreció la vida democrática del país.

A la semana, Gustavo, mi padre, se dirige hacia El Colegio de México para entregarle a Alfonso Reyes una carta de Catalina Recavarren, en el deseo de obtener una beca. El conocido literato afirma: «No hay una sola, con los laureles recibidos en su país sería enaltecedor tenerlo en nuestras raleadas filas, pero por ahora no es posible». En la tarde, se traslada al Palacio de Bellas Artes, en el segundo nivel ve un andamio y sobre él, a Siqueiros, quien está acabando la obra: Cuauhtémoc contra el mito. Ahí está dos horas hasta ver descender al muralista y poder abordarle: «Soy un escritor peruano desterrado, acabo de llegar. Le entrego esta revista que dirigí en Lima. Hay un artículo que habla de su obra y de la de los otros muralistas». Tras revisar la publicación, David Alfaro lanza la interrogante esperada: «¿Lo han expatriado, por aprista o por comunista?». Sin esperar, mi padre dijo: «Por aprista, maestro. Pero en mi país guardé buen vínculo con los camaradas y hemos realizado acciones de frente único». «Está bien, dijo Siqueiros, no discrimino a los que sufren por transformar la sociedad en que vivimos. ¿En qué puedo servirle?». «Me urge trabajar porque he traído conmigo a mis cuatro pequeños y a mi esposa». «¿Qué edad tienen los niños?». «Cinco años Gustavo, el mayor, ocho meses Marcel, el menor». «¡Es atroz! Algo se hará…». Y así, Siqueiros, le consigue un puesto en el Patronato del Ahorro Nacional.

En la calle Zacatecas nos acompañan los cálidos tíos Willy Carnero y Hebé Heredia, Eduardo Jibaja y Consuelo Alcalde. Nuestro primer cuarto es modesto, tanto que se filtra la lluvia y nos da tos convulsiva. Para aliviar el pesar, papá prende la radio y oímos El Concierto N° 1 de Eduard Grieg, con el cual enamoró a mamá. En ocasiones posteriores nos deleita con Cuadros de una exposición de Mussorgski y otras piezas. Como preferimos El Lago de los cisnes y Cascanueces, más adelante Gustavo nos habla de Peter Tchaicovski y el Grupo de los Cinco. Hasta este sótano llega a visitarnos Siqueiros. El muralista y papá cultivaron una amistad cercana hasta el final de nuestra estada en la tierra de Benito Juárez.

Tenemos para comer, gracias a aquel ente estatal, y papá presto compone La Prisión, novela que con el olfato de Jesús Silva Herzog, director de Cuadernos Americanos, se edita el mismo año. Más adelante, con el permiso de la Revista de América, la Editorial Cultura, lanza La agonía del Perú, libro integrado por los artículos que Gustavo escribió -entre mayo y junio de 1951- acerca de la situación del Perú, la masacre de Arequipa y la militancia en el Apra. Ejerce el periodismo, principalmente en El Universal (a cargo de Gregorio López y Fuentes, novelista), Excelsior y El Nacional, más adelante en Novedades de México y El Popular, y así esta labor cubre otras necesidades y abre el horizonte de una patria nueva. Aunque a fines del año 1951 tenemos que mudarnos al edificio de la calle Monterrey, ocupado en alto índice por yanquis, y, aquí nos dan facilidades porque como familias “decentes” seremos un biombo para el tráfico de drogas que ocurre a nuestras espaldas.

Guatemala
Tras la renuncia al APRA, Gustavo traza otra senda audaz: un viaje a Guatemala bajo el gobierno de Jacobo Arbenz; conoce al joven Che Guevara, se acerca al marxista-leninista Partido Guatemalteco del Trabajo, arma proyectos periodísticos y varios actos, ej. la fundación del Frente Revolucionario Peruano. Los niños somos parte. Registra Gus: «Acompañados de nuestros hijos, desfilamos hombro a hombro con todos los desterrados democráticos (…) en el magno e histórico desfile del día de los trabajadores».

Huelo aún la leña que ardía en la cocina, me veo girando en las rondas con mis hermanos y los hijos de las cálidas indias de ligero andar, veo los bueyes en el umbral de la casona, a papá criando pollos que la peste se ha de llevar. Nos nutre el romántico aire provinciano, pero tenemos que dejar a ese hermano país de Centroamérica para volver a México, pueblo que nos brinda asilo y amistad.

“México lindo…”, Gustavo y la solidaridad
El 2 de julio de 1954 los mexicanos protestan por la intervención de la CIA en Guatemala. En ese mitin, entre la multitud, papá señala: «Ahí están Diego Rivera y Frida Kahlo», y, aquella musa en silla de ruedas se nos revela, es una hechicera de obsidiana, su cuerpo herido luce aún cual diosa azteca. Ella tiene 47, padre 33 y esta cronista siete años. En 1956 Rivera dibujará el rostro de Violeta, único tema peruano hecho por él, reproducido en la portada del bello libro de Gustavo Cantos del amor terrestre, con prólogo del mismo Diego. También para ella, y resumiendo la vida en México, mi padre escribió su poema más recogido en antologías, “Carta a Violeta”: “Te escribo desde tu propio hogar / Ciudad de México, 19 de noviembre, / enfermo como estoy en nuestra cama vieja / sintiendo despeñárseme la sangre / en pos de ti, río inacabable. // Sobre la almohada, a mi lado, / tibio yace tu último sueño //… Y aun cuando te miran mis hijos fijamente / me parece que son frases sus miradas / de un alfabeto que fui incapaz de escribir // … Sobre esta nueva vida deseaba escribirte / ahora que marchaste temprano a rescatar / nuestros libros del camarada Lenin / nuestros cuadros de Flores y Gutiérrez / y tu reloj y mi reloj embargados por los mercaderes“.

En las tardes, papá nos cuenta historias (luego impresas): «Nuestros antepasados indígenas lucharon con valor muy grande contra los españoles … El mejor mexicano de entonces, el más valiente, se llamó Cuauhtémoc. Pero no sólo en Tenochtitlán hubo duras peleas … en Yecopixtla y en Chiapas los indios combatieron hasta morir. Y, los que no fueron muertos, se arrojaron con sus mujeres e hijos desde lo alto de los cerros hasta lo hondo de los ríos. Escogieron la muerte antes que la esclavitud». Por ello su complacencia con nuestros dibujos escolares, donde revivíamos sus episodios de los héroes Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo, el cura Dolores, José María Morelos, Benito Juárez, Francisco Villa y Emiliano Zapata.

En nuestro hogar se oyen los valses La nube gris y El plebeyo; también La Cumparsita y otros tangos de Carlos Gardel, que papá y mamá bailan majestuosos. Gracias al calor que ellos brindan a varios compatriotas, nos llueven más lecciones como las narraciones paisajistas que Juan Pablo Chang (Juanito) nos cuenta al atardecer. Luis de la Puente fabula que a las puertas del Cusco, y aun en todo el Perú, crece el maíz de oro y caminan las llamas de plata; y nos enseña la letra del himno patrio. Nos lee su tierna poesía Juan Gonzalo Rose; prodiga su humor fino Manuel Scorza. De yapa nos alegran los generosos mexicanos Nacho Magaloni, poeta, Lencho Carrasco, arquitecto, la Lochita, María Elba y Santos Bárcena y con su afecto amplían el espacio lúdico. Mientras jugamos a las escondidas con Anita, Carmen y Nuri, bajo la melodía de Las Vírgenes del Sol, conforman un contrapunto Jacobo Hurwitz, Teodoro Azpilcueta, Augusto Chávez Bedoya, Genaro Carnero, la tía española Maruja Roqué, mis padres y la mayoría de los estoicos apátridas apristas y comunistas, quienes debaten incansables sobre el futuro de los pobres de nuestro Continente.

Paseos, cuentos y ocurrencias
Guardamos fotos del primer paseo dominical al hermoso bosque de Chapultepec, en abril de 1951. Vamos allí con papá, a menudo, a correr, jugar y comer jícama con chile piquín. Incluso en invierno, con él que nada con deleite, chapaleamos en la piscina del Club Deportivo Hacienda. A la salida nos invita helados con forma de Sol, que saboreamos felices y otras veces caminamos hasta el zoológico donde nos cautivan los osos y los monos. Cerca hay un pequeño bar al paso donde nos convida bocados de su cóctel de camarones. Ciertos sábados, al mediodía, con el fruto de la venta de libros, entran a la cocina él y el tío Lucho de la Puente, mezclan ingredientes, ensucian por doquier y entonan Estrellita del Sur y La flor de la Canela: Déjame que te cuente, limeña, ¡ay!, déjame que te diga, morena, mi pensamiento …, cocinan, ¡vaya suerte!, platillos de bacalao u otras delicias marinas. Papá, aficionado a los toros, cuando consigue entradas, ¡zaz!, vamos rumbo a la plaza, con enojo de mamá, que es ecologista. Y cinco veces al año nos sorprende: silba desde la calle y dice: «Viole, ven con los chicos, nos vamos a Veracruz en este momento…». Fuimos, así, además a Oaxaca, Palo Bolero, Xochimilco, Quautla. Ella, ansiosa, contesta: «Pero, no están preparados… ». Él replica: «Así como están, pónganse las chamarras y bajen todos». Y nosotros, raudos, bajamos con nuestro perro Palomo. Aunque en la ruta Xavier o yo podamos enfermar, igual dejamos que la magia de lo inesperado nos envuelva. Similar imán ejerce la fantasía que nos llega en bellas ediciones, omnipresentes en mi hogar, siempre como recompensa. Mis padres, Gustavo y Violeta, pedagogos autodidactas, compran libros rusos de maravillosos cuentos, como Chuk y Gueck, y La Manopla, que devoramos prestos.

El fervor por el séptimo cielo

Y eres la guardia zarista que dispara en la marcha
y eres la gente que cae desplomada en las gradas
y eres el ojo de la madre que se quiebra en el grito
y eres el coche huérfano del bebé cuesta abajo…
Óscar Limache

Complejo, introvertido, padre tiene la melancolía de los cipreses y canta “Si me han de matar mañana que me maten de una vez…“. A él lo anima la pasión por los documentales sobre las guerras mundiales, la guerra civil española, la revolución mexicana, la bolchevique, los pueblos, las ciudades, la ciencia, la música, el arte, el cosmos, los viajes marinos***. Le fascinan y llora de risa con Chaplin y el Gordo y el Flaco. Su afición es colectiva, didáctica, no es por azar que nos lleve durante varios sábados al cineclub de la Asociación Cultural Mexicano-Soviética, abriéndonos la puerta del arte al mostrarnos el cine ruso en su recreación de las gestas de su pueblo. Vemos La Madre, Alexander Nevski y Acorazado Potemkin de Eisenstein. Aquel pasaje de la madre con su bebé en coche cayendo por la escalera en medio del tumulto reprimido por la guardia zarista en Odesa, me suscita una reacción visceral. Al salir, el paisaje se ha modificado. Despertó en ese momento una romántica adhesión a los oprimidos.

Gustavo se consagra al periodismo mexicano. Difunde diálogos con artistas del cine; el Indio Fernández y Silvia Pinal le impresionan por su sencillez y talento: «Fernández fue discípulo del gran Eisenstein. Él va a México mientras el resto de cineastas se traslada a Hollywood. La Cucaracha es una suerte de Acorazado …mexicano, la saga de la revolución». Papá también edita documentales, en ellos reinventa gestas, ej. Benito Juárez, o presenta realidades insólitas (como Museos de cera o El cementerio del D.F.). Sus crónicas abarcan también el arte pictórico, en su búsqueda de registro de los principales indicadores de la vida cultural de que es testigo y sujeto, celebra la amistad con Diego Rivera y Siqueiros y presenta sus experiencias en páginas, recogidas, luego en Novedades de México, por ejemplo “Los últimos murales de Siqueiros” (22/07/51) y en su libro Ensayos, publicado, años después, por Editora Perú Nuevo, en Lima.

Papá añora a sus hermanos Jorge, Oscar y Doris, y a su madre. La abuelita Mercedes amorosa vende todas sus pertenencias y así con mi tía Doris, llegan hasta México a cobijarnos cual milagro infinito. Al poco tiempo –papá- sufre una crisis y le operan de emergencia del estómago en una clínica cercana, adonde llegan intelectuales fraternos a donarle sangre. Más adelante, ya en Lima, la abuela también se pone grave y agoniza. Alejandro Esparza Zañartu, Ministro de Gobierno del dictador Odría, a pesar de los pedidos de intelectuales destacados como Sebastián Salazar Bondy, le impide despedirse de su madre. Y cuando llega el anunciado cable papá se tira contra las paredes enloquecido de dolor y alumbra uno de sus poemas más conmovedores.

Vuelta a la patria
Aunque mis hermanos y yo empatamos muy bien con México y el Perú continúa siendo ajeno, el “país clausurado”, luego de la amnistía que da el Parlamento de Manuel Prado, la noche del 9 de diciembre de 1956, regresamos a la patria, hablando como “meros cuates” y bailando el jarabe tapatío. En el aereopuerto están los parientes Elma y Luis Herrera Carnero (el pintor en su Ford modelo T), Ernesto Elías Carnero, Germán Carnero Saldarriaga, Alberto Rospigliosi y Humberto Canalle. Éste, con la tía Luisa, nos acogen en su casa de la calle Colina, Barranco. Ahí vi el esplendor del mar (otro que el entrevisto en Veracruz), juego a la muñecas con Susy y Eli mientras mis hermanos hacen de las suyas con el primo Beto. El quetzal de Guatemala, la serpiente y el águila mexicanos nos han armado un relajo en el que la llama inca es la más totémica. A fines del ‘56, vuelta a la patria, la vida social que halla papá es similar a la que dejó. Si, acaso, más acentuados los sentimientos de liberación. Por ello, en el verano del ‘57 mientras papá, ya a sus anchas, sueña el semanario Perú Popular, sus cuatro hijos tenemos que soportar un tedioso ciclo de recuperación para aprobar historia y geografía nacionales.

Adolescencia y juventud en Lima
Colegios estatales y la Universidad de San Marcos
Papá es imprevisible como una pieza de jazz y tan anticlerical que nos hace exonerar del curso de religión, a mis hermanos en el Melitón Carvajal y a mí en el Fanning. En represalia, una autoridad de mi colegio, la Señora Amado, jefa de Normas Educativas, un hostil invierno desde el micrófono del 2° piso gruñe: “¡Esa Valcárcel!, ¡qué tanto se mueve! ¿por qué no está en fila? ¡Castigada!”. Se refiere a mí, a media voz, como “hija de comunista ateo”. Padezco una “sutil” revancha contra el librepensador.

En nuestro país, durante la crisis del poder oligárquico (entre 1957 y 1962), se inicia la lucha por la recuperación del petróleo de Talara que la IPC explotaba ilícitamente con la anuencia del gobierno de Prado y antecesores. En 1957, en el PCP, Gustavo, Violeta, Julio Dagnino, Miguel Tauro (que era el responsable pese a su juventud) y otro militante llamado el “Zambo”, conforman su primera célula con estructura orgánica (la “Julius Fucik”). Papá alterna sus tareas en la prensa revolucionaria: Perú popular, (1957-´58) Frente (hacia 1960) y Unidad (¿196…?), dirigido antes por Héctor Béjar. Por ello, el grato ruido, el olor a tinta de las imprentas y la presencia querida de Scorza y Rose llena mis iniciales domicilios; las voces nuevas para mí son las de Luis Nieto, Romualdo, Alberto Hidalgo, Paco Bendezú, Eleodoro Vargas Vicuña, Javier Heraud, César Calvo y Tomás Escajadillo. Se escuchan debates que sostiene papá con los tíos Chang y de la Puente Uceda, reanudando los coloquios mexicanos, mientras él fuma cigarrillos Inca, y otra vez me llega el aroma del café que beben y el brío de estos luchadores. Se suman Ricardo Tello, Héctor Cordero, Guillermo Lobatón, Santiago y Luis Zapata, también jóvenes intelectuales como Julio Dagnino, Héctor Béjar, Lea Barba, Félix Arias-Schereiber y Carlos Franco. Febriles, valientes, tratan de entender y transformar la patria, conspiran en los patios de San Marcos atraídos por el eco triunfal de la revolución cubana, es 1959.

En ese contexto se forma el Frente de Liberación Nacional (FLN), representado por el general César A. Pando Egúsquiza (presidente), Genaro Ledesma, Ángel Castro Lavarello, Genaro Carnero y otros progresistas. Papá alienta Frente. Los chicos también vamos a los mítines. En uno muy concurrido en la plaza San Martín, al atardecer en 1962, vendo libros de autores como Vallejo que papá ha editado con tirajes alucinantes; aparece el tío de la Puente y para que no esté expuesta al peligro me compra todos los ejemplares.

La década del ’60 se muestra premonitoria y violenta, cae en nuestra vida con el rigor de una guadaña la muerte de Javier Heraud, el 15 de mayo de 1963, Puerto Maldonado, destrozado “entre pájaros y árboles” por las balas dum-dum (en brazos de Alaín Elías). Aún colegiales, con Violeta y Gustavo vamos a la Universidad de San Marcos, a la Casona del Parque Universitario, al Salón de Grados, ahí es el velorio simbólico.

Conocemos, después, el Salón Blanco del jirón Azángaro y el bar Palermo donde papá suele tomar una cerveza y picar unos choritos. Estos cafés son frecuentados por artistas, rebeldes y conspiradores como Pancho Izquierdo, Vital Scapa, César Franco, Adriana Palomino, Etna Velarde, Arturo Corcuera, Reynaldo Naranjo, Max Hernández, César Calvo, Zulma Linares e Hildebrando Pérez, entre otros. También es asesinado, pero en los Estados Unidos, John F. Kennedy. Ha puesto “de moda” la Alianza para el Progreso. Los jóvenes experimentamos una reacción a ella: Miguel Tauro es detenido; toma cuerpo la gesta guerrillera del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en Ayacucho, Cusco y Junín. De ello dan testimonio Alaín Elías y Jorge Salazar en Piensan que estamos muertos.

En 1965 Luis de la Puente Uceda en el combate de Mesa Pelada cae. En 1966 mueren Máximo Velando, Guillermo Lobatón y otros combatientes. Héctor Béjar cae preso. Hugo Blanco es condenado a 25 años de cárcel. Papá escribe versos en homenaje a Javier Heraud, Luis de la Puente, Luis Zapata, Guillermo Lobatón y Edgardo Tello, en el libro Poesía extremista (1967). En Bolivia el año 1968 es detenido Julio Dagnino. Bajo el gobierno de Velasco, tras una campaña intensa a nivel nacional e internacional (participamos mi familia y yo) Béjar será liberado en diciembre de 1970. Y, gracias a una movilización estudiantil y popular, en julio de 1971 Julio Dagnino sale de prisión.

Diálogos con mi padre
Es enero de 1964. Papá nos enseña que no debemos menospreciar las bibliotecas municipales. Por ello cuando canta el gallo me levanto, en voz alta leo alrededor del Parque Santos Dumont, de San Eugenio, obras sacadas de las bibliotecas de Lince y de San Isidro. Luego, aquel verano, postulo e ingreso a San Marcos.

Dieciocho años después entrevisto a papá en su casa y, luego, en un bar de San Eugenio para asir el misterio de su silencio; ver cómo influyó San Marcos y verificar qué hechos marcaron su vida. Los frutos son editados en Caballo Rojo, Kachkaniraqmi, Un año con trece lunas y La República (estos últimos, textos hechos después de su muerte).

Por las causas expuestas (y otras) papá enferma más y lo internamos. Las estancias con los galenos le remiten a su niñez y a las cárceles. Entonces escribe poesía más triste pero de alta calidad, como la publicada en Haraui –del caro Paco Carrillo- en 1980 (gracias a un duende).

En 1983 cuando le recuerdo a papá su pasión por el cine, expresa: -«Qué azar, nací junto a El Pibe, solitario, triste, pobre, encerrando ensueños y ternura… Qué talento! Laurel y Hardy, se burlaban de los ricos. Y Laurence Olivier: Fue actor y director. Qué maravilla ser Hamlet, Romeo y Ricardo III! Pero mi romance es el amor a la revolución y a Violeta. México fue mi otro gran amor. Y el buen vino. Acertó Ovidio al escribir: Vino después de Venus es fuego sobre fuego…-Candela, dirías tú, hija, verdad?».

Si cantara el gallo rojo

Cuando canta el gallo negro
es que ya se acaba
el día, (bis). Si cantara el
gallo rojo otro gallo
cantaría, ay … si es que yo
miento…
Copla de la Guerra Civil Española

Para Gustavo, la Universidad de San Marcos significó un espacio de aprendizaje, diálogo, libertad y conspiración. Y la poesía una búsqueda permanente, una forma de vivir. A diferencia de los escritores que caminan para llegar a su destino, la existencia de Gustavo fue una travesía perpetua.

Nuestro padre fue consciente de las limitaciones y crisis de los países en vías al socialismo. Un día, asombrado exclamó: “¡Cayó el socialismo sin disparo alguno!” En 1981, cuando fue detenido en Huancayo el poeta Nicolás Matayoshi bajo la vaga acusación de actos “terroristas”, Gustavo hizo oír su protesta con una nota de solidaridad que conmovió a todos.

Enfiló su ironía, ácida ya por los años de dura experiencia contra los políticos corruptos. El 23 de octubre de 1990 en La República, lanza el artículo “Antes y ahora… ¡Muera la inteligencia!”, ahí compara la España peregrina con el Perú, resaltando la paradoja de que un ex Rector de la Agraria [Fujimori] meta ” bajo rejas al ex Vice Rector de San Marcos [Torero]”. “El martirio hispano se me apareció anoche, de golpe, en pesadilla y en semejanza con el acaecer peruano, lleno de espinas, triste sainete ensangrentado. “!Muera la inteligencia!”, renace la consigna aquí, ahora que el frágil material corpóreo de Alfredo Torero fue a dar al inmundo calabozo de Cambio 90… noventa de no sé qué siglo cavernario”. Ello le afectó, pero no por eso papá dejó de practicar el arte en defensa de los derechos humanos ni abandonó ética ni convicciones socialistas, que resultan vigentes en tanto subsista la desigualdad. Murió abrazando los hallazgos de Marx, Vallejo y Mariátegui en pos de la transformación del Perú, del porvenir solidario, justo y alegre, buscando el confín del tiempo y de la rosa.

(RV. Lima, invierno, 2002)


Actualización: viernes 25 de enero, 11.04 am:

En la Librería Virtual de El Gato Descalzo puede adquirir las memorias de Rosina Valcárcel: Diario de Talismanes (Santo Oficio Editores, 2005, S/. 35.00*) y Aprendiz de Maga (Santo Oficio Editores, 2006, S/. 35.00), escribiendo a cosasquemepasan@gmail.com.

* Precios válidos para Lima (Perú), a otras ciudades debe sumarse los gastos de envío.

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Acerca de El gato descalzo

Cosas que (me) pasan, blog de El gato descalzo, apareció como vitrina cultural en 2005. Al cumplir 7 años, nació EDITA EL GATO DESCALZO, editorial independiente peruana que publica libros en físico y en digital. Pueden escribirnos a cosasquemepasan@gmail.com, visitar nuestra página en Facebook, www.facebook.com/editaelgatodescalzo y/o dejarnos un comentario.

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  1. […] existencia del bardo poeta Guillermo Mercado Barroso, nacido en la misma tierra que los autores Gustavo Valcárcel y Mario Vargas […]

  2. […] vivía en esa ciudad estaba con mis padres, pero era un niño cuando Juan Gonzalo, Manuel Scorza, Gustavo Valcárcel y mi padre estaban exiliados; yo vivía maravillado con estos diálogos extraordinarios de […]

  3. […] fuera y se une al festejo con la presentación del libro Canción de amor a la papa del poeta Gustavo Valcárcel (Arequipa, 1921-Lima, 1992), publicado por la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y […]

  4. […] Presidenta de la Comisión de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos, Ambiente y Ecología del Congreso tienen el agrado de invitar a usted a la presentación del libro Madre nativa: Experiencias acerca […]

  5. Rebeca Valencia dice:

    HOLA ESTOY BUSCANDO EL POEMA APASIONADAMENTE DE ADRIANA PALOMINO E INFORMACION SOBRE ELLA ME INDICARIAS DONDE PUEDO ENCONTRAR ESTOS LIBROS, SE QUE HA PUBLICADO ALGUNAS COSAS Y ME GUSTARIA LEER SOBRE ELLA, ESPERO PUEDAS AYUDARME

  6. nubelinda cabrera espinal dice:

    me gustaria conocer los poemas de inicio de LOS POETAS DEL PUEBLO,y tambien conocer sus manifiestos socioculturales,que identifican la ideologías de la creación.

  7. […] interior: Nicolás Matayoshi (Huancayo), Carolina Ocampo (Huancayo), Julio Carmona (Piura) y Gloria Mendoza […]

  8. […] Posted: 19 junio, 2011 by Germán in Perú 0 A través de reuniones conocí a la poeta Rosina Valcárcel. Por ella supe de su padres, Gustavo Valcárcel (Arequipa, 1921-Lima, 1992) y Violeta Carnero Hoke […]

  9. jose manuel dice:

    Hola, me llamo José MERCADO LOPEZ, he leído con atención y me pregunto, en las conversaciones no han mencionado por si acaso a Guillermo MERCADO LEON.
    El es mi tío, hermano de mi padre Antonio. Mi tío Guillermo, se que fue guerrillero, lo conocí porque vivía con nosotros. Su grupo guerrillero creo TUPAC AMARU fue emboscado y todos sus integrantes fueron ACRIBILLADOS, solo y excepto el Sr. Béjar.
    Mi padre, siempre dijo que Béjar traiciono al grupo,. porque el fué el único que vivió.
    Yo le creo a mi padre. Velando, Lobaton, Zapata y Mercado ( nombre de combate era Ricardo León) muertos.

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