De chico, mi hermano Carlos y yo pasamos varios veranos en Piura, con nuestra tía paterna Diolfina. Cuántas veces visitamos al tío abuelo Felix en su chacra, allá cultivaba mangos, sandías, hierbaluisa, cocos (con los que Diolfina hacía las mejores cocadas que he probado)…
Recuerdo que él tenía un pequeño defecto, era avaro con los productos de su tierra, por lo que había que pasar muchas tareas para convencerlo nos dejara disfrutar de estos.
Poco a poco fui alejándome de Piura y su sol eterno. Con los años retomé algunas historias familiares, a través de bodas de primos y otros familiares lejanos para mí.
El tío Felix sufrió un ataque, por lo que decidió vender su terreno, luego se había arrepentido. No pudo retomarlo, la semana pasada, al regresar de mi último viaje Papá me dió la noticia, había fallecido.
Al enterarme, sentí tristeza por su partida, como una parte de mi pasado, que no regresará.





