Una tradición familiar era ir con Papá y mis hermanos a una peluquería en La Molina. Ya no recuerdo porque no buscábamos algo más cercano pero la tradición quedó y terminé declarándola mi peluquería.
Tras regresar de Orcopampa pasé a cortarme el pelo (y la barba). Lo peculiar de este local es que cada vez que llego me atiende una chica nueva. No le duran al dueño, no sé si les paga muy poco o qué.

El tema es que por la variedad siempre termino con look nuevo. En esta oportunidad le pedí a la señorita de turno: “No me lo cortes tanto, término medio”. Sí, me respondió, con la afeitadora en la mano y para cuando me di cuenta ya me había volado casi todo el pelo.
Extrañamente creo que el cambio cae a pelo con la nueva etapa que estoy viviendo, retomando el cine, conciertos, expos de arte, escribiendo, casi terminando la tesis, leyendo autores desconocidos, conociendo a nuevas personas y volviendo a otras:

(Sí, sé que la foto no es muy buena pero me daba flojera tomarme una exclusivamente para el post así que tuve que echar mano de lo que tenía).






Que bueno retomarte German, el peluqueado esta de fabula , para mi estas dos cosas (los cambios y el pelo) marcan un antes y un despues.
Ligero de moños y otros tantos pelos, espero tus trabajos te cundan. Un saludito desde el otro lado del charco.
María: Gracias por los buenos deseos. Esta nueva etapa me hace recordar La muralla verde de los Enanitos Verdes.
“Estoy parado sobre la muralla que divide
todo lo que fue y lo que será,
estoy mirando como aquellas viejas ilusiones
pasando la muralla se hacen realidad…
Estoy parado sobre la muralla que divide
todo lo que amé de lo que amaré
estoy mirando como mis heridas se cerraron…”
Saludos desde este lado del charco.
[...] fluye, todo cambia, nada permanece. Los cambios han seguido presentándose en este gato, desde lo físico a lo [...]
me encantaria que colocaras mas fotos . Pienso que con pelo o sin el te ves muy bien.Un saludo desde Colombia.